El miedo es una emoción básica natural que aparece desde la más tierna infancia y nos ayuda a ponernos en guardia y a protegernos del peligro. Un porcentaje elevado de esos temores suelen ser pasajeros, aunque también existen otros temores e incluso fobias a los que debemos estar atentos ya que pueden llegar a requerir supervisión profesional.
Ánxela Delgado García, psicóloga clínica en Atención Primaria en Pontevedra, profundizó en los miedos que aparecen en las distintas etapas evolutivas de la vida.
En la infancia, los miedos a la oscuridad y los fantasmas, a extraños, a animales, a no estar con su madre o padre, suelen ser los más comunes; en la niñez lo son ir al médico, las enfermedades, las críticas o el fracaso en la escuela; y en la preadolescencia y adolescencia pueden permanecer los temores a las enfermedades, a la no aceptación social por parte de otros iguales, al sexo, a los problemas económicos o políticos, entre otros.
Existen otros miedos que son más preocupantes como las fobias, la ansiedad por separación, la ansiedad generalizada, los ataques de pánico, los TOC, TEP o tics. En estos casos, los adultos debemos estar especialmente atentos porque es posible que el menor necesite el apoyo también de profesionales y terapeutas especializados.
Ángela Delgado García resaltó que los miedos no son exclusivos de los más pequeños. El que los hijos e hijas estén desarrollándose de manera adecuada, que estén bien de salud, que se integren correctamente en sociedad, temas relacionados con el sexo, las drogas o el acceso a internet, la autonomía, o los trastornos mentales son aspectos que despiertan muchos temores y más de un quebradero de cabeza a padres y madres.
Cómo responder los adultos ante los miedos de los más pequeños
Para contribuir a que los menores sepan afrontar y superar sus miedos e inseguridades, la psicóloga clínica incidió en la necesidad de proporcionar a los hijos e hijas herramientas que aporten seguridad para que consigan autorregularse emocionalmente y enfrentarlos.
Delgado García recomendó observar y también escuchar al menor para validar sus emociones y obtener información sobre el miedo en cuestión. De esta manera, recalcó, podremos identificar el problema y buscar soluciones.
Ofrecer seguridad y mostrar calma también resultan cruciales para que el niño o niña se sienta acompañado y empiece a relativizar, según la experta. El humor y la distracción, en determinadas etapas, también pueden contribuir a relajar las situaciones tensas.
